Info : Aprendelta Educación Ambiental
Cuenta la leyenda que el sábalo fue un joven mensajero del agua que, para no olvidar nunca el camino de regreso, marcaba su ruta con brillantes giros en el fondo del río. Ñamandú, el espíritu del Delta, lo premió dándole una panza siempre llena de energía… y muchas espinas para que los humanos no abusaran de él.El Sábalo (Prochilodus lineatus) es un pez plateado, de cuerpo fusiforme y robusto, ideal para nadar contra la corriente. Llega a medir 60 cm y pesar hasta 4 kg. Tiene una boca protráctil con labios duros que usa para raspar el fondo y alimentarse de detritos y micro algas, reciclándolo todo como un barrendero del río. Su estómago está siempre “a full”, lo que lo convierte en una fuente clave de nutrientes para especies como el dorado, el surubí o incluso aves como el biguá. En la medicina popular, su grasa se usaba para tratar dolores articulares y se decía que hervir su cabeza en agua podía espantar malos sueños. Se lo encuentra en grandes cardúmenes, sobre todo en la cuenca del Paraná y es famoso por su migración aguas arriba, conocida como “subida del sábalo”. También se lo relaciona con peces depredadores, garzas, nutrias y hasta con el ser humano… que, a pesar de sus espinas, no puede resistirse a su “bailar sabalero” en la olla. Fotos: I. Lozano

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